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Carla
Lonzi 
Escupamos sobre Hegel
Teoría feminista
60 páginas
Un libro fundamental e histórico del pensamiento
feminista, una referencia imprescindible. Escupamos sobre
Hegel no es solamente un texto fundacional del feminismo
crítico sino del feminismo todo. Poner en cuestión
la cultura patriarcal implica hacerlo con sus ideólogos y
sacros pensadores: Hegel, Marx, Freud. Carla Lonzi abrió
brecha y marcó el camino del más radical cuestionamiento
a las bases filosóficas de la macrucultura masculina.
En momentos donde la pérdida de las ideologías de
la izquierda a envuelto en el extravio no solo al conjunto de los
movimientos sociales sino incluso al mismo feminismo, fem-e-libros
ha considerado importante reeditar este libro -ya agotado en librerías-
donde se pueden reenconrar los elementos más importantes
de la autonomía del pensar de las mujeres y de la separación
tajante que necesitamos en relación al historicismo y a la
metafísica del pensamiento masculinista.
El problema femenino signifi ca una relación entre cada
mujer –carente de poder, de historia, de cultura, de rol-
y cada hombre –con su poder, su historia, su cultura y su
rol absoluto-. El problema femenino cuestiona todo lo hecho y pensado
por el hombre absoluto, por el hombre que no tenía conciencia
de que la mujer fuese un ser humano de su misma dimensión.
En el siglo XVIII pedimos la igualdad y Olympe de Gouges fue condenada
al patíbulo por sus “Declaraciones sobre los derechos
femeninos”. La demanda de igualdad entre mujeres y hombres
en el plano jurídico coincide, históricamente, con
la afi rmación de la igualdad de los hombres entre ellos.
Hoy tenemos conciencia de ser nosotras las que planteamos una nueva
situación.
La opresión de la mujer no se inicia en el tiempo, sino que
se esconde en la oscuridad de sus orígenes. La opresión
de la mujer no se resuelve en la muerte del hombre. No se resuelve
en la igualdad, sino que se prosigue dentro de la igualdad. No se
resuelve en la revolución, sino que se perpetúa dentro
de la revolución. El plano de las alternativas es una fortaleza
de la preeminencia masculina: en él no existe un lugar para
la mujer.
La igualdad de la que hoy disponemos no es fi losófi ca,
sino política: ¿queremos, después de milenios,
insertarnos con este título en el mundo que han proyectado
otros? ¿Nos parece gratifi cante participar en la gran derrota
del hombre?
Por igualdad de la mujer se entiende su derecho a participar de
la gestión del poder en la sociedad, mediante el reconocimiento
de que aquélla posee la misma capacidad que el hombre. Pero
la experiencia femenina más auténtica de estos años
nos ha enseñado el proceso de devaluación global en
que se encuentra el mundo masculino. Hemos comprendido que, en el
plano de la gestión del poder, no concurren capacidades,
sino una forma particular de alineación que es muy efi caz.
La actuación de la mujer no implica una participación
en el poder masculino, sino cuestionar el concepto de poder. Si
hoy se nos reconoce nuestra imbricación a título de
igualdad es, precisamente, para alejar aquel peligro.
La igualdad es un principio jurídico: el denominador común
presente en todo ser humano al que se le haga justicia. La diferencia
es un principio existencial que se refi ere a los modos del ser
humano, a la peculiaridad de sus experiencias, de sus fi nalidades
y aperturas, de su sentido de la existencia en una situación
dada y en la situación que quiere darse. La diferencia entre
mujer y hombre es la básica de la humanidad.
.....
El movimiento feminista no es internacional, sino planetario. La
escisión entre infraestructura y superestructura ha sancionado
una ley según la cual las mutaciones de la humanidad, desde
siempre y para siempre, 39 han sido y serán mutaciones de
estructura: la superestructura ha refl ejado y refl ejará
estas mutaciones. Este es el punto de vista patriarcal.
Según nosotras, la creencia en los refl ejos ha periclitado.
Nuestra acción es la desculturación por la que optamos.
No se trata de una revolución cultural que sigue e integra
la revolución estructural, no se basa en la verifi cación
a todos los niveles de una ideología, sino en la carencia
de necesidad ideológica. La mujer no ha contrapuesto a las
construcciones del hombre más que su dimensión existencial:
no han salido de entre ellas jefes, pensadores, científi
cos, pero ha poseído energía , pensamiento, coraje,
decisión, atención, sentido, locura. Las huellas de
todo esto se han borrado porque no estaban destinadas a perdurar,
pero nuestra fuerza estriba en no poseer ninguna mistifi cación
de los hechos: actuar no es una especialización de casta,
aunque se convierte en ello mediante el pode por el que está
orientada la acción. La humanidad masculina se ha adueñado
de este mecanismo cuya justifi cación ha sido la cultura.
Desmentir la cultura signifi ca desmentir la valoración de
los hechos que constituyen la base del poder.
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