Carmen Navarrete
Afirmar la mayor presencia de mujeres en el ámbito artístico durante las dos últimas décadas —así como de exposiciones de mujeres artistas—, por otra parte,
no siempre es exactamente lo mismo que hablar de una presencia equivalente del
feminismo en las artes o de un arte feminista, aun cuando sea cierto que, dentro de
esta visibilidad creciente de las mujeres, las prácticas artísticas generalmente màs
relevantes, las que han marcado de forma profunda el debate estético, son las
protagonizadas por artistas mujeres con consciencia de serlo, desde un
posicionamiento crítico feminista. Se trata de mujeres artistas que, bajo diversas
perspectivas críticas que corresponden a una pluralidad de feminismos, han
analizado la Estética, la Historia del Arte, las diversas disciplinas artísticas, los
media y la realidad contemporánea, para reflexionar sobre el estado de cosas de los
sistemas de representación dominantes sobre la mujer, el género y la diferencia
sexual.
Rosa María Rodríguez Magda
Una cultura feminizada sería aquella donde la mirada femenina
dibujara los mapas conceptuales, diseñara los imaginarios
colectivos, hiciera presente su historia, aquella en la que su palabra
otorgara poder y legitimidad, y las mujeres estuvieran presentes
en todos los espacios de la creación, de la administración,
difusión y gestión.
Por lo tanto, la nuestra, no es en absoluto una cultura feminizada.
Sino todo lo más una cultura androcéntrica debilitada,
aquélla que se aleja de las gestas colectivas unitarias,
ya sean teóricas o prácticas, y prefiere un confortable
hedonismo. Pero la mujer no es un hombre blando, titubeante, que
abandona las grandes apuestas gnoseológicas.
Ochy Curiel
Contestar la pregunta de si existe un arte lésbico, necesita
aclarar dos premisas a mi modo de ver: cuál es la concepción
sobre el arte y cual es la concepción sobre el lesbianismo.
Francesca Gargallo
Hay otra razón, de esto estoy segura. Una razón narrativa,
ni política ni argumentativa que, sin embargo, construye
un camino para acceder a un conocimiento. Uno, simple y en juego
con la multiplicidad, sin ningún afán de universalidad.
A ese conocimiento se accede mediante la construcción interpretativa
de algo indefinible, pero existente. Algo previo a la narración,
pero que la narración vuelve real, verdadero al ser enunciado.
Las personas que narran, oral o literariamente, construyen una y
otra vez esta razón.
Mónica Mayer
Dadas las deplorables condiciones económicas y educativas
del país, el arte es un pequeño lujo que la mayoría
de las mexicanas no pueden darse. Pero quienes estamos en cultura,
cualquiera que sea nuestra procedencia de clase, no podemos darnos
el lujo de seguir con los brazos cruzados dejando que nuestro sector
sea tan maltratado, ni ignorando las dificultades de las artistas,
especialmente las indígenas y las proletarias. Y, como país
no podemos seguir desperdiciando el potencial creativo de tantas
mujeres. Hacerlo, aparte de ser una burrada, sería traicionar
nuestra esencia mestiza.
Linda Berrón
Para resumir los hechos que he venido contando, voy a escoger unos
cuantos hilos:
• El fenómeno que le ha permitido a la literatura de
las mujeres compartir subalternamente un pequeño y frívolo
stand en el gran mercado de los libros;
• El afán museográfico de las autoridades chinas
por conservar el idioma de las mujeres –hoy utilizado inofensivamente
por unas cuantas ancianas–;
• La placa turística en la casa de Olimpia de Gouges
Y me surge la inquietud sobre la forma en que el patriarcado –nuevo
rey con vestido globalizado– coopta, recupera y neutraliza
los esfuerzos de las mujeres por compartir el poder simbólico
y real.
Porque las mujeres ya tenemos la palabra, la escritura. Pero, ¿cuán
empoderada está esa palabra? ¿Qué espacios
ocupa? ¿Cómo somos leídas?
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