Conservadores, "liberales" auto-proclamados y feministas
sexuales radicales - ¿qué es viejo y qué es
nuevo?
Malin Björk
Les Pénélopes
El debate sobre el caso de la prostitución es muy político.
Está tan centrado en la política sexual y el feminismo
como el caso del aborto y los anticonceptivos. En este contexto
no ayuda que los medios de comunicación parezcan más
interesados en reciclar un viejo argumento y poner en escena su
habitual reparto de estereotipos fabricados : la "puta feliz",
la "feminista enfadada", la "liberal sexual' y el
'conservador molesto'. El problema es que el escenario no parece
real, y el caso no es el mismo al del debate sobre la liberalización
sexual de los setenta.
Las discusiones sobre la prostitución siempre suelen despertar
mucha emoción política -porque es un debate muy político.
Está tan centrado en la política sexual y el feminismo
como el asunto del aborto y los anticonceptivos. En este contexto,
no ayuda que los medios de comunicación, quizá porque
conocen tan poco acerca del feminismo, parezcan más interesados
en reciclar un viejo argumento y poner en escena su habitual reparto
de estereotipos fabricados : la "puta feliz", la "feminista
enfadada", la "liberal sexual" y el "conservador
molesto". El problema es que el escenario no parece real, y
las representaciones están pasadas de moda, porque los actores
y el asunto no son los mismos que en el debate sobre la liberalización
sexual en la década de los setenta. Para dar una visión
de conjunto de los argumentos desde un punto de vista feminista
en este debate esencial, es mejor no centrarse en un análisis
de los contenidos y valores de los diferentes argumentos, sino tener
en cuenta el contexto tan complejo y cambiado, en vez de depender
de las viejas representaciones y estereotipos del pasado.
El enfoque moral conservador: "Saca esos condones
pegajosos de MI calle"
Si se pudiera encontrar alguna continuidad ideológica, en
la que una pudiera al menos trazar algunos paralelismos con los
setenta, esta sería las posturas basadas en la moral conservadora,
o el conservadurismo sexual general. En esta argumentación,
el sexo es visto como algo que pertenece a la esfera privada, y
es, por lo tanto, algo que no puede ser observado, ni se puede hablar
o incluso discutir sobre ello. La existencia de algo como la "política
sexual" no está reconocida. No es necesario decir que
las relaciones sexuales desde esta perspectiva sólo son percibidas
y aceptadas en su forma heterosexual, preferiblemente en relaciones
estables y de larga duración (con un bono extra por parte
de la nación si termina en hijos). Esta postura siempre ha
causado, y aún lo hace, serias amenazas a las mujeres alrededor
del mundo, negándolas el derecho al aborto, perpetuando la
persecución a las lesbianas, y controlando seriamente los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres mediante una variedad
de prácticas "culturales" y dogmas peligrosos sobre
la "normalidad" y alusiones a la biología. Es obvio,
por lo tanto, que las mujeres hayan luchado tantas batallas contra
estas personas.
Sin embargo, en el debate actual sobre la prostitución se
vuelve un poco más complicado si se trata de reciclar la
estructura de análisis de los setenta cuando se llega a los
"conservadores". Sus compases ideológicos les están
haciendo fracasar, y no parecen saber qué responder cuando
no pueden cerrar los ojos por más tiempo, y se encuentran
frente a la realidad del crecimiento de los mercados del sexo en
la Europa actual. Esto es probablemente por lo que los representantes
de las fuerzas conservadoras en la Europa actual están proponiendo
cosas muy diferentes como respuestas políticas. Las propuestas
se extienden desde la penalización tanto a las prostitutas
como a los clientes, estableciendo prostíbulos legales (que
incluyen la despenalización del proxenetismo), y en algunos
casos - penalizando sólo al cliente. A este nivel se podría
percibir la confusión general casi cómica en el bando
conservador, oliendo su miedo a los líquidos corporales.
Sin embargo, son muy importantes el asunto en juego y las diferentes
implicaciones muy serias de sus propuestas divergentes. Aunque en
ocasiones se discute, algunos realmente muestran intenciones de
reducir los mercados del sexo, mientras que otros con doble moral
intentan liberalizarlos y extenderlos.
Tan sólo para fijar el cuadro legal : vender sexo es legal
o está despenalizado en casi todos los países europeos.
Así que cuando algunos conservadores proponen la penalización
de la prostitución, es un cambio importante, siendo el objetivo
la reducción y/o supresión del sistema de prostitución.
Estas son intenciones suficientemente buenas, pero cuando la propuesta
de penalización atañe tanto a la mujer que se prostituye
como al cliente, no es difícil imaginar quién va a
ser perseguido y llevado al departamento de policía una y
otra vez : la mujer prostituta, en vez del "respetable"
Señor Cualquiera - novio, marido, padre, director ejecutivo,
miembro del parlamento, alcalde. Una fuerza policial dominada por
hombres no va a salirse de su camino para traer pruebas contra los
clientes, cuando es mucho más fácil en términos
de investigación policial fijar como objetivo a las mujeres
que se encuentran en la prostitución. La prostitución
no es una relación de iguales, y se muestra también
en la implementación de las leyes en los países que
han penalizado tanto al hombre que compra sexo como a la mujer que
se prostituye. Generalmente, los efectos de la penalización
dan como resultado el aumento de juicios a mujeres prostitutas,
mientras que a los hombres se les permite en gran parte marchar
libres por el sistema "judicial".
Las dobles morales de algunos conservadores y su rechazo a encargarse
de una agenda feminista no pueden ser más obvias que en las
propuestas basadas en los argumentos de "quitar de encima la
desnudez de MIS calles y Proteger a los niños de ver todos
esos condones usados - poner a ESAS mujeres en algún otro
sitio". Este es el argumento conservador para las propuestas
de designar determinados vecindarios, o incluso lugares de proxenetas
legales mediante la apertura de prostíbulos en áreas
alejadas no residenciales. Aquí los conservadores llevan
a alianzas con partidarios de la prostitución, y autoproclamados
"liberales sexuales" porque las propuestas son realmente
las mismas aunque argumentadas de diferente manera. En realidad,
esta propuesta sólo institucionaliza el sistema de prostitución.
A través de las áreas designadas para los mercados
del sexo, están oficial y geográficamente establecidas
las divisiones entre las 'viudas-hijas-madres' a respetar por una
parte, y la 'puta' a comprar por la otra. ¡No a los condones
en las escaleras de las puertas de los vecindarios de "familias"
respetables !. ¡Y por qué no ir más lejos, como
controlar a las mujeres que se prostituyen incluso imponiendo controles
sanitarios regulares y obligatorios para evitar que los hombres
vuelvan a donde sus mujeres y novias con infecciones ! (el Sr. Bossi
en el Gobierno italiano ha propuesto recientemente esta propuesta).
Nadie ha propuesto nunca controles sanitarios regulares y obligatorios
a los clientes, ¡aunque ellos sean los primeros trasmisores
de infecciones!
Es evidente para la mayoría de las mujeres que las propuestas
de los bandos conservadores no toman su inspiración de grupos
de mujeres feministas o grupos de empoderamiento. De alguna manera
es o una respuesta de pánico conservadora (¡ penalizar
todo !), o sólo la típica respuesta conservadora de
la doble moral, la cual en este caso está de acuerdo de voluntad
propia con una normalización del sistema de la prostitución,
incluso reforzando el control de los hombres sobre los cuerpos de
las mujeres - sólo si se mantiene alejado de la mirada pública
(abriendo prostíbulos en áreas designadas).
El enfoque "liberal": Abrir mercados
Pero sólo porque nosotras como feministas somos prudentes
y rechazamos el enfoque de los conservadores, debemos tener cuidado
de no pensar que los actores que revindican representar la continuación
de los "liberales" de los setenta son nuestros aliados
automáticos. El caso de la prostitución no es lo mismo
que luchar por el derecho al aborto, a los anticonceptivos, y por
la libertad de las nociones represivas patriarcales de la sexualidad
femenina. Además el contexto del debate de la legalización
es muy diferente a cuando las mujeres se unen para revindicar sus
derechos sexuales y reproductivos.
El hecho es que los "liberales" en el debate actual sobre
la prostitución tienen poco que hacer con la libertad sexual
(y no con la libertad sexual de las mujeres), pero de alguna manera
forman parte de la perspectiva de género, políticas
dominantes que gritan por los mercados liberalizados, incluyendo
el mercado que comercia con los cuerpos de las mujeres. La atracción
de las visiones de liberalización / legalización no
sólo nada por encima del dominio general de las políticas
económicas liberales. También existe el enfoque liberal
habitual que cuando las cosas son complejas y parece haber resistencia
y dificultades, ofrece una solución de alguna manera "más
fácil" - el enfoque individualista.
Pero esta postura es confusa porque es apoyada por una alianza
muy sospechosa de personas. Todo viene de los clientes masculinos
(por supuesto), los proxenetas (¿ sorpresa ?), algunas mujeres
que se encuentran en la prostitución, y un número
de mujeres que quieren ser clasificadas como 'progresistas' y/o
como personas que ofrecen una "mano que ayuda" a las mujeres
que están dentro de la prostitución.
La "legalización de la prostitución" no
es un concepto muy instructivo en primer lugar, porque implica que
la prostitución es ilegal en la mayoría de los países,
lo que, como se ha dicho anteriormente, no es el caso. La prostitución
es legal en casi todos los países de la UE, no está
institucionalizada y reconocida como profesión, excepto en
Holanda y Alemania, donde han hecho de la prostitución, o
como ellos lo prefieren llamar: "trabajo del sexo", una
profesión, con derechos a los planes de la seguridad social,
etc. Los debates que confunden la liberalización de las drogas
con la liberalización del comercio de los cuerpos de las
mujeres son unas de las discusiones más anti-feministas que
encontramos hoy en día, pero no poco comunes en cualquiera
de estos dos países.
La mayoría de los partidarios designados o autoproclamados
"liberales", "pro- prostitución" o 'pro-legalización'
no tienen por supuesto un proyecto feminista o no se preocupan mucho
por los derechos y la autonomía de las mujeres. Que los proxenetas
y los clientes apoyan la institucionalización de la prostitución
y la apertura de los mercados no es ninguna sorpresa - pueden esperar
un mercado más grande y beneficios mayores. Pero el hecho
de que ellos están aliados con algunas asociaciones de mujeres
que también apoyan a la llamada "legalización
de la prostitución" no sienta nada bien.
Post-feminismo. O ¿cómo las políticas
sexuales se volvieron tan complejas para llevar a cabo políticas
feministas?
La mayoría de las asociaciones de mujeres que apoyan una
"legalización de la prostitución" no reconocen
que ellas mismas están inscritas en una ideología
económica de la liberalización del mercado, y de este
modo fracasan en observar que el sistema de la prostitución
está localizado en las intersecciones de intereses económicos
y políticas sexuales. Incluso más allá de esto,
existe también un discurso feminista más complicado
en juego- el que se sitúa entre las feministas radicales
y las feministas culturales o post-estructurales.
Las feministas radicales han sido criticadas por no reconocer las
diferencias en las categorías de mujeres y hombres, y por
no dejar a las mujeres suficiente delegación. Aunque las
nociones modernistas de los valores y los derechos universales han
demostrado que son ciertamente muy cuestionables como método
para la transformación social, son utilizadas de manera que
crean diferencias invisibles y disputas diversas entre grupos de
mujeres (negras, inmigrantes, mujeres que pertenecen a minorías
étnicas, lesbianas, etc.). La noción de "diferencia"
puede ser igualmente utilizada de una manera negligente o incluso
opresiva - como es normalmente el caso cuando surge el asunto de
la prostitución. La teoría del feminismo post-estructural
y la del feminismo post-colonial han apuntado, de maneras pertinentes,
hacia realidades complicadas e intersecciones de opresión
dentro de las que las mujeres conducen sus vidas, incluyendo asimetrías
de poder estructural. Pero como feministas, no podemos dejar que
la complejidad en aumento se convierta en una excusa para la no-acción,
o aún peor, meternos en el bando individualista, liberal
en apoyo a los mercados abiertos. Sólo porque las políticas
sexuales, la globalización y la inmigración hacen
al asunto de la prostitución más complejo, no significa
que es mejor alejarnos de optar por el enfoque de la perspectiva
de género individualista de la "prostitución
legalizada".
Temiendo por tomar cualquier actitud basada en valores (o morales
si quieres), o incluso entablando negociaciones sobre estos asuntos
complicados, los que apoyan la prostitución tienden a optar
por la solución fácil, donde las asimetrías
de poder estructural (económicas, sociales, sexuales, raciales,
culturales, etc.) están excluidas del análisis, y
donde el asunto de la prostitución está reducido a
una cuestión filosófica de "elección".
El problema con este enfoque, además de que sitúa
el "problema" y se centra exclusivamente en el nivel de
lo individual, es que se concentra solamente, en este caso, en las
mujeres que se prostituyen y en el grado de su "elección".
Incluso si uno quisiera insistir no haciendo caso a las relaciones
de poder estructural, y sigue un enfoque individualista violento,
el asunto principal está de todas formas erróneamente
expresado- no se trata de "la libertad o no de prostituirse
uno mismo", sino del "derecho o no de comprar sexo".
Lo que es bastante diferente. Una es una cuestión prácticamente
interminable que va a llevar finalmente a una esfera filosófica
abstracta, mientras que la otra trata del consumismo y de las relaciones
de poder, y alcanza casos importantes y concretos relacionados con
el contexto del sistema de prostitución.
La legalización como medida de control del daño
Probablemente el conjunto más complejo de argumentos y de
actores en el debate pro-prostitución podría ser la
alianza de la pro-legalización. Se puede encontrar dentro
de esta alianza a colegas feministas, mujeres que trabajan en suministrar
servicios a las mujeres que se encuentran en la prostitución,
que revindican que sería importante para las mujeres que
se prostituyen reforzar sus posibilidades legales, su protección
física, dar derechos de la seguridad social, e incluso deshacerse
del estigma social asociado a la prostitución. Esta clase
de respuesta puede ser llamada un tipo de "respuesta de control
del daño", una manera de hacerlo mejor para "aquellas
mujeres". Estos son todos argumentos muy legítimos -
porque parecen apoyar a las mujeres que se encuentran en la prostitución.
El problema es que la legalización de la prostitución
y de los prostíbulos nunca ha tenido este efecto. Al contrario,
la legalización ha llevado a una institucionalización
y a un aumento del proxenetismo, de los prostíbulos (tanto
legales como clandestinos) y de la prostitución, lo que conduce
a un aumento del número de mujeres explotadas en la prostitución.
Es un malentendido creer que realizar una causa conjunta con proxenetas
y clientes liberaría a las mujeres que se encuentran en la
prostitución, o a las mujeres en general. También
parece una manera desilusionada y poco creativa de adoptar las estrategias
de los explotadores (proxenetas y clientes) cuando existen otras
maneras de proveer a las mujeres que se prostituyen con mayor seguridad
y protección. Es el entorno de las políticas sociales
y la voluntad política repartir recursos a estos sistemas
y servicios que determinan si las mujeres que se prostituyen tomarán
la ayuda que necesitan. ¿Alguna vez has oído hablar
del debate actual de un estado de bienestar minimalista o más
global ? Uno de los temas clave del debate es el acceso universal
básico a los sistemas de salud o seguridad social, incluyendo
una pensión para todos.
La legalización, y de este modo, la institucionalización
de la prostitución han sido ya instauradas en Holanda y Alemania.
Este cambio en las políticas fue apoyado por los proxenetas,
los propietarios de los prostíbulos y también algunos
grupos de mujeres. Muchas otras asociaciones de mujeres decidieron
no involucrarse en el debate, y sólo aceptaron lo que parecía
ser la postura más visible y de perspectiva de género.
Uno no puede deshacerse del sentimiento incómodo que aunque
su argumentación está dicha para ser "el bien
de las mujeres que se prostituyen", su caso esconde una dinámica
más incómoda. Animar a las mujeres a adentrase en
la prostitución nunca fue parte de la agenda colectiva (o
individual) de las feministas pro-prostitución holandesas
y alemanas. La mayoría de ellas se confiesan culpables de
la destrucción, la violencia y las relaciones opresivas activas
en la prostitución. Las mujeres que propagan la legalización
"en nombre de las mujeres que se prostituyen" (les gusta
pensar también "con") han interiorizado por lo
tanto una división de mujeres en las diferentes clases, "otras
mujeres". Evitando explorar las posibilidades, o entrar en
negociaciones sobre las disputas políticas compartidas en
el campo de las políticas sexuales, han participado y perpetuado
activamente la construcción de la "otra" - la 'prostituta'.
Esto está sin ninguna duda unido al hecho de que el contexto
y cara del mercado del sexo y de las mujeres que se prostituyen
han cambiado. La prostitución se ha convertido aún
más en un asunto de clase y más racial cuando la industria
del sexo en la Europa del este ha crecido. Por supuesto que sería
cómodo pensar que "ellas" lo eligen. Aunque resulte
extraño, las voces para la legalización / normalización
del sistema de la prostitución comienzan a ganar una clase
de apoyo más de "dejar hacer", en el momento en
el que la inmensa mayoría de las mujeres que se prostituyen
son de diversidad racial, o provienen del nuevo territorio colonial
de la Europa del Este -Europa Central y Este (¡al menos en
términos de las políticas sexuales patriarcales !).
Sería demasiado ingenuo pensar que esto es tan sólo
por casualidad. De alguna manera parece que las personas encuentran
más aceptable (o soportable) explotar en el mercado del sexo
a mujeres que son de un color diferente o hablan otras lenguas maternas,
diferentes a la población mayoritaria. Podemos por lo tanto
continuar retirando nuestras miradas, y apoyando la división
de mujeres en diferentes clases controladas y estructuradas por
hombres. No se trata de decir o reivindicar que las mujeres que
se encuentran en la prostitución no tienen ninguna delegación
- pero la variedad de "elección" es muy diferente
para las diferentes mujeres. Es tan diferente que resulta bastante
irrelevante entrar en este debate si se quiere entender el sistema
de prostitución actual.
Finalmente, contrario a lo que las feministas pro-legalización
quieren, la legalización de la prostitución socavará
seriamente la posibilidad de redistribuir y liberar mas recursos
para apoyar a las mujeres que se prostituyen de diferentes maneras,
y aún menos apoyar a las mujeres que quieren abandonar la
prostitución. Una de las consecuencias más serias
de legalizar la prostitución es que la sociedad se quita
a sí misma de otra responsabilidad colectiva. El sufrimiento
y la explotación de las mujeres que se encuentran en la prostitución
se convierten en un no-asunto, en el sentido de que es tratado como
una "elección individual" (no una que muchas personas
admitirían... pero eh), lo que no es para la sociedad en
general algo por lo que estar colectivamente preocupado. Ninguna
responsabilidad significa ningún recurso, y las mujeres que
se prostituyen son "liberadas de ser explotadas" sin ninguna
interferencia por parte del resto de nosotros. Si esto no es un
precioso (y liberal americano) argumento, ¿qué es?
Hacia una respuesta más radical, verdaderamente
"liberal sexual" a la prostitución
Si uno echa un vistazo a las realidades de la prostitución
y a la industria del sexo en general, no puede seriamente discutir
que está teniendo lugar algún movimiento progresista.
La idea general de prostitución se apoya en la idea de dividir
a las mujeres en, básicamente, dos clases diferentes : aquellas
para utilizar/comprar/violar y aquellas para casarse/madre/hermana.
Es muy difícil imaginar una sociedad donde las mujeres disfruten
de una libertad sexual, social y económica y de una igualdad
con los hombres, mientras sigamos aceptando la existencia de una
subclase o de mujeres para la disposición de los hombres.
Así que ¿por qué no poner un final al sistema
de prostitución y a la industria del sexo que se esfuerza
tan claramente en la explotación de la inmensa mayoría
de mujeres implicadas ? Vamos de una vez por todas a acabar con
los mitos de la "puta feliz" y la "profesión
más antigua del mundo", y vayamos a un proyecto más
radical, rompiendo el dominio de los hombres sobre las mujeres cuando
se llega a las políticas sexuales. Es hora de alejar el punto
de mira de las mujeres que se prostituyen y centrase en los clientes,
los consumidores en los mercados del sexo - los hombres- para cuestionar
seriamente su legitimidad y escudriñar las políticas
sexuales de las que ellos son partidarios como clientes de los cuerpos
de las mujeres. De acuerdo con esta argumentación, las respuestas
políticas deben estar dirigidas por lo tanto a los clientes.
En este contexto, la solución más evidente y efectiva
sería penalizar parcialmente la compra de servicios sexuales.
Esta idea se apoya sobre el entendimiento de que la prostitución
no es una relación igual, como se ha visto en los testimonios
de las mujeres que se encuentran en la prostitución. Se tiene
que reconocer que la explotación y el sufrimiento por parte
de las mujeres que se encuentran en la prostitución no son
tan solo un problema individual, sino también un fenómeno
estructural, donde casi todos los clientes son hombres, y casi toda
la mercancía es una mujer. Se trata de un ejemplo de inigualdades
de género perpetuadas.
Si, es moralista - una moral muy feminista basada en las mujeres-
que mueve el enfoque hacia los hombres, y que rechaza las políticas
sexuales de dominación masculina en la prostitución.
Se trata de NO extender y abrir mercados, que están y seguirán
estando controlados por redes de trabajo de hombres, donde las mujeres
son los bienes principales, y donde son puestas en venta para los
compradores masculinos. No hay una señal de conservadurismo
sexual en esta propuesta ; se trata de radicalismo sexual - para
mujeres.
Octubre 2002
Traducido por : Paula Igareda en Septiembre 2003
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